El endeudamiento: Cómo superarlo

En la vida solemos pasar en mayor o menor grado por situaciones desfavorables sobre las que llevamos a cabo acciones orientadas a superar sus efectos o consecuencias, muchas veces sin lograrlo, convirtiéndose tales situaciones en problemas crónicos. La razón de esa dificultad es que vemos el problema desde sus efectos y tratamos de resolverlo desde ahí. Este enfoque del problema es tanto como pretender en el caso de una infección, tomar medicamentos para controlar la fiebre y no para eliminar la infección que en este caso es el núcleo del problema y constituye por lo tanto el factor causal sobre el que hay que actuar. Resolver situaciones problemáticas desde el núcleo del problema requiere de un análisis retrospectivo de sus diferentes manifestaciones –efectos– con el fin de lograr un diagnóstico desde las causas originales y determinar opciones para una solución efectiva y definitiva.

El endeudamiento es una de esas situaciones problemáticas típicas, que mayormente afecta la tranquilidad personal, la armonía familiar, la estabilidad económica y por ende la calidad de vida de las personas que requiere de este tipo de análisis, realizado a conciencia, de los hechos que intervienen en su formación y que se constituyen en factores causales, a fin de identificar el núcleo del problema y determinar las causas originales y a partir de estas, las acciones correctivas y medidas de control que hagan posible evitar a futuro su recurrencia.

Por el efecto que los intereses, seguros y demás costos financieros inherentes al uso del crédito tienen en los ingresos, el endeudamiento tiene un impacto significativamente negativo en las finanzas debido a que disminuye el ingreso real disponible para cubrir gastos de sostenimiento personal y del hogar, así como la posibilidad de ahorro y de formación de patrimonio. La necesidad de endeudamiento surge de una situación financiera deficitaria dada por el desequilibrio entre las entradas y salidas de dinero (total de ingresos menor a total de gastos) como consecuencia independientemente del nivel de ingresos, de la ocurrencia de uno o más de los siguientes hechos:

  • Falta de control de los gastos corrientes de sostenimiento en relación con los ingresos reales tanto personales como familiares.
  • Falta de planeación relacionada con gastos o inversiones extraordinarias como vacaciones altamente costosas, compra de vivienda, compra de vehículo o compra de bienes y servicios suntuarios.
  • La asunción prematura e impensada de roles sociales como la vida conyugal, ser padres u optar por una vida independiente de sus padres, sin la solvencia y estabilidad económica requerida.
  • La disminución o pérdida intempestiva de la principal fuente de ingresos.
  • La ocurrencia de eventos inesperados de alto costo económico sin un fondo para imprevistos.

Una situación financiera deficitaria continua lleva a que se asuma el endeudamiento  como una condición de la vida, resignándose a ella y generándose en efecto un sentimiento de indolencia y conformismo, cuando no una actitud de negación de la existencia del problema, como mecanismos psicológicos inconscientes de defensa frente a la ansiedad que produce la sensación de inseguridad e incapacidad para superarlo. Cualquiera de estos mecanismos de defensa conduce a la pasividad –a la falta de acción– y en consecuencia a vivir en situación de endeudamiento crónico, afectando con ello de manera permanente la calidad de vida personal y familiar.

Una solución efectiva y definitiva de este problema no está en disponer de mayores ingresos, si no en hacer un mejor uso de los mismos y en un genuino interés en salir de deudas, basado en una inquebrantable fuerza de voluntad y en una plena disposición y compromiso familiar y personal para asumir sacrificios en la satisfacción de deseos y necesidades suntuarias resultantes de la suspensión total de algunos gastos y el recorte drástico en otros como consecuencia del diseño e implementación de un plan de acción de choque que permita lograr el balance y la estabilidad financiera y económica familiar y personal requerida. El plan de acción debe partir de un análisis detallado del estado actual de los siguientes tópicos personales y/o familiares:

  • Situación económica y financiera.
  • Capacidad de pago.
  • Tipo de gastos y su contribución real a la calidad de vida.
  • Hábitos de compra y consumo.

En relación con la situación económica se debe evaluar la real utilidad relación costo/beneficio) de todos aquellos activos no productivos adquiridos a crédito como fincas de recreo o acciones en clubes recreativos, vehículos de alta gama y en general toda clase de bienes y servicios suntuarios inherentes al estilo de vida actual, a fin de determinar su sostenibilidad financiera y decidir en consecuencia qué hacer con aquellos que no son realmente necesarios ni financieramente sostenibles en las actuales condiciones.

En cuanto a la situación financiera, se debe tomar en cuenta el ingreso real (ingreso total menos deducciones de ley como aportes a salud, pensión y retenciones tributarias) y los gastos de sostenimiento ajustado a lo absolutamente necesario en alimentos, vivienda, vestuario, educación, salud complementaria, transporte y entretenimiento, a fin de determinar la capacidad de pago disponible para cubrir intereses, amortización a capital sobre las deudas y ahorro para capitalización. Con base en la capacidad de pago disponible (Ingresos reales menos gastos de sostenimiento) se debe buscar una sustitución de pasivos a través de la compra de cartera que ofrecen los diferentes bancos con una significativa disminución en la tasa de interés, ajustando la cuota de amortización a la capacidad de pago disponible; o en su defecto, diseñar un plan de amortización de deudas priorizando aquellas con mayor tasa de interés y en segundo lugar aquellas con menor plazo, con el objeto de liberar recursos que permitan acelerar la amortización de aquellas de más largo plazo.

En conclusión, vale resaltar que el éxito en el logro y sostenimiento de la estabilidad económica y libertad financiera estarán siempre condicionadas por la efectividad de la planeación y la eficacia y continuidad de las medidas de control de gastos relacionados con el estilo de vida que adoptemos; de la disponibilidad de un fondo estable y sólido para eventuales emergencias y la capitalización de ahorros para la formación de patrimonio, basados en los ingresos reales de que disponemos en cada etapa de nuestro ciclo de vida

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